martes, 7 de octubre de 2008

Margarita, la flor que me dio vida



Margarita, la flor que me dio vida

Ella es Margarita, la flor que me dio vida, que me trajo al mundo el 14 de noviembre de 1966 y luego a mis dos hermanos Camilo y Fernando.

Su vida ha estado llena de sobresaltos, de esfuerzo, de dedicación, pero sobre todo de amor.

Nació en Teorama, una pequeña población de la Provincia de Ocaña y donde se cultiva, la piña más dulce del departamento. Hija de Ramona Cañizarez y Paulo de la Cruz Ovallos, en su infancia creció en esos campos de la pequeña Teorama y su sueño siempre estuvo en ser profesora de religión. Su amor a Dios, su infinita fe la llevó a creer que podría entregarle esa oportunidad, pero la vida misma le tenía preparada otros planes. De pequeña sufrió con varias enfermedades, pese a esto, su gracia la hizo crecer en medio de las dificultades de salud.

Un capítulo que ella menciona con alguna decepción es que no pudo seguir estudiando, porque algún día un compañerito de la escuela le mandó un papelito que decía algo si, como saludos de Aldemar para Margarita y para mi abuelo eso fue suficiente para retirarla de su estudio. Fue una gran decepción, porque tenía muchas ganas de estudiar le encantaba, tanto así que pese a su poco estudio, daba clases de religión y prepara niños en las veredas para la primera comunión. Pero mamá nunca resignó su sueño, no hace mucho terminó el Colegio y recibió su cartón de Primaria, quiso validar el bachillerato en varias oportunidades, pero declinó en su intento, quizá lo hizo muy tarde y ya no tenía esas ganas y la fuerza otros años.
De Teorama fueron a dar a Cúcuta con mi abuela, quien aburrida entre otras cosas de mi abuelo, que quería establecerse como fuera lugar en esa región y no asumía la dura situación de orden público, pues decidió salir y establecerse en la capital del departamento. Allí mi mamá empezó a trabajar en varios locales comerciales, pero luego Dios le puso en su camino a una monjita, quien la ayudó a vincularse en el Hospital San Juan de Dios, allí aprendió los oficios de la enfermería y fue así como empezó a ganarse la vida, llegó a trabajar en la Clínica Norte, sitio donde pasé algunas noches de niño, recuerdo risas a la hora de dormir.
Margarita se casó a los 24 años con mi padre José Antonio Rojas, un muchacho de 19 años, un poco loco, extrovertido, detallista que la enamoró con su labia. Ella no pudo resistir su buen humor y sus encantos. La vida le dio a su primer esposo y se lo quitó muy rápido también, mi padre falleció cuando yo tenía 5 años y el apenas cumpliría 25.

Margarita tan sólo 8 meses después decidió dar vuelta a la página y rápidamente dejó su estado de viudez para formar una nueva familia con Carlos Camilo Giraldo Palacio, la cosa es que esa unión tenía su antecedente, mi padre adoptivo, paisa, comerciante de Cúcuta, pretendía a mi mamá, casi que al mismo tiempo que mi papá Antonio, sólo que él 'loquito', fue más insistente y como galán se quedó con la princesa, pero las cosas del amor y la vida, Camilo y Margarita tuvieron la oportunidad de formar la familia, con el tuyo y los nuestros, tres hijos que crecimos con verdaderas enseñanzas de amor, de unión, de creencias fuertemente religiosas, aportadas por mi mamá, que desde que amanece ora por todos nosotros y lleva con fe sus oraciones.




Ahora ya jubilada, ella atiende una vida social muy activa, claro al servicio del prójimo, entrega comunión a los enfermos y está totalmente involucrada con la parroquia de Montebello II, allá en el Municipio de los Patios, Norte de Santander.

Combina su servicio de oración con los ejercicios para la tercera edad y muchas otras acciones que la mantienen vigorosa, porque sus tres cesáreas, dos operaciones de vesícula y hepatitis quedaron en el olvido. Dios la llena de salud y la mantiene aquí en la tierra haciendo la tarea que le encomendó, sólo hasta que él la llame, nuestra mami seguirá rezando, recorriendo cada calle de Cúcuta pregonando que Dios y la Santísima Virgen hacen milagros y ella sólo intercede con sus oraciones.

Madre que Dios te siga dando bendiciones, te amo mi gordita hermosa.

viernes, 26 de septiembre de 2008

MI hijo Santiago


MI hijo, Santiago



Fue el 30 de noviembre de 1992, ese día llegó al mundo, éste pequeño a quien llamamos Santiago. El primogénito, el hijo que nació y que alegró mi vida, desde ese día, llevo la responsabilidad de ser padre, pero más que hablar de lo que esto significa, quiero expresar la alegría que sentí y como viví esos momentos previos a su nacimiento.
El día anterior el 29 de noviembre era domingo, un poco preocupado porque la fecha de su llegada se prolongaba, hablé con mi compañera del Noticiero Tv Hoy Alexandra Ortíz, lo que no sabía es que la mamá de Alexandra, era jefe en el Seguro Social y que en sus manos estaría la decisión del nacimiento de Santi.

El lunes 30 de noviembre a primera hora, nos fuimos a la Clínica San Pedro Claver en Bogotá para acudir a la cita con la doctora Guillermina, ella nos atendió muy amble, pero de una, nos dijo que había que hacer cesárea. Me devolví a la casa, por el famoso ajuar, pero cuando llegué, ya no recibieron la ropita, me dijeron que me fuera tranquilo que ellos se encargaban de todo.

En las horas de la tarde fui a la clínica y allí pude conversar con la doctora, me soltó esta frase, a su hijo nació muy bien, fue sobre las 5 de la tarde, mide 54 centímetros, pesó 4200 gramos y es un jayazano. Con eso me di vuelta y me fui a contarle al mundo que era papá. Lloré y aún sin poderlo conocer sólo imaginaba, como sería tenerlo en mis brazos.
Desde el apartamento llamé a mis familiares, celebré con mi mamá y me tomé unas cervezas y me quedé dormido, luego de seis latas. A las 11 de la mañana del martes tenía que conocer a Santiago, ir por él y llevarlo al apartamento.

Subí rápido, entré a la habitación y encontré a Pilar abrazando al pequeño Santi, me dijo aquí está nuestro hijo, no pude contener tanta alegría y más lágrimas, más emociones me embargaron.

A la salida de la Clínica enfrentando la contaminación quería proteger a mi bebé, que no le pasara nada. Desde ese día Santiago llena mis días y es una de mis grandes motivaciones. Ya son casi 16 años, (en el momento de escribir esta historia) y ese niño se convierte en hombre, espero que la vida le de tantas alegrías, como esa que me dio a mi, la de ser su padre.




jueves, 25 de septiembre de 2008

A los amigos desaparecidos


A los amigos desaparecidos













Momento para reflexionar sobre esas personas que se desparecen. Acudí al recuerdo de los amigos que se pierden en la inmensidad, tuve en el bachillerato, un gran amigo Ricardo Saraza, un flaco 'candelo', muy inteligente, con la brillantez del genio, pausado, a veces solía ser introvertido, pero Saraza, era el alumno destacado, hacía los ejercicios de matemáticas perfectos, tenía todo un mundo de números, ideas en su cabeza, apenas fueron unos meses, su presencia en el colegio San Juan de la Cruz de Cúcuta, llegó a una temporada y luego se perdió, se fue para Cali, nos comunicamos con algunas cartas, si esas del sello postal, las que tenían en los sobres, los colores rojo y azul, en los bordes y que cuando llegaban a la casa por lo general portaban novedades de mi amigo. Pero un día, las cartas no volvieron, ni de aquí, ni de allá, de ningún lado, entonces me quedé con el recuerdo de mi amigo desaparecido, lo único que no desapareció fueron las jugarretas de fútbol, las subidas al árbol de mi casa a comer pumarosas, los regaños de mi mamá por pasarme tanto tiempo con el 'moneco', el algún día lo escuchó, pero obvió cualquier comentario de mi progenitora.

Ricardo Saraza, debe estar en algún lugar del mundo con su inteligencia, haciendo disfrutar a sus familiares y amigos y también recordando esos días de calor y esas tardes de brisas donde creció nuestro amistad que por muy poco tiempo nos dejó enseñanzas para toda la vida.

Y Ustedes recuerdan a sus amigos desaparecidos, no los que la fuerza de la violencia, les arrebató la oportunidad de vivir en libertad, sino esos que un día tomaron otro camino, cambiaron de ciudad y dejaron intacto el cariño en sus corazones, como Ricardo Saraza hay muchos, amigos del alma que se quedan en nuestras vivencias. Sólo espero algún día encontrar la huella de Richi, el pecoso, amigo de la juventud.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La bendita oportunidad



La bendita oportunidad













Todos los días me siento a un computador para informar, por lo general, así me gano la vida, informando como periodista deportivo. Le entrego a la gente emociones, les doy realidades, les hablo de alegrías y tristezas del excitante mundo del músculo, pero me pregunte ¿por qué no escribir de otras cosas', de la vida misma, de las mujeres, de los hombres, de los miedos, de los gustos y disgustos, entonces me di esta bendita oportunidad de llegar al mundo virtual donde las palabras, las ideas viajan por el mundo a la velocidad de un sólo clic.

Aquí le di enter a mi espacio, al blog que espero alimentar todos los días, como una sana costumbre, de esa misma que necesita el alma, un pedazo de pan envuelto en frases que alimenten y nutran el ser.

De Ustedes necesito la bebida para acompañar mis ideas, para mojar en palabras el dulce disfrute de la vida. Hasta pronto que la velocidad de la Web nos conecte y que nos encontremos en estos espacios, donde hay de todo y no hay nada.